26 de septiembre de 2026

Detrás del uniforme: la salud mental de quienes también necesitan ayuda

0

Marian Liñán habló sobre salud mental, presión laboral y prevención del suicidio entre policías: el costado humano detrás del uniforme.

Compartir

Marian Liñán, exintegrante de la Policía, habló sobre las presiones que atraviesa el personal de las fuerzas de seguridad y puso el foco en una barrera difícil de romper: reconocer que algo no está bien y animarse a pedir ayuda.

Hay una imagen de la Policía que vemos todos los días. El uniforme, el patrullero, una sirena, una intervención ante una emergencia. Hay otra, mucho menos visible: la de la persona que termina su turno, vuelve a su casa y carga también con sus propios problemas.

De ese lado del uniforme habló Marian Liñán, exintegrante de la Policía, al referirse a la salud mental dentro de las fuerzas de seguridad en el cierre del Mes de Prevención del Suicidio.

Su relato no busca explicar un fenómeno complejo a partir de una única causa. Por el contrario, enumera situaciones que pueden acumularse en la vida cotidiana de un policía: presión laboral, jornadas extensas, horas adicionales, pluriempleo, dificultades económicas y exposición permanente a situaciones críticas.

“Mucha presión laboral, mucha, mucha carga. No es de ahora, en realidad ya viene hace rato”, señaló.

Cuando el policía también necesita ser asistido

Existe una particularidad sobre la que Liñán pone especial énfasis. Quien atraviesa una situación emocional difícil continúa formando parte de una institución en la que debe responder ante conflictos, asistir a otras personas y, en muchos casos, portar un arma.

“El policía tiene más carga por el tema de que lleva un uniforme y porta un arma. Es como que llevás más presión”, explicó.

Pero detrás de esa responsabilidad institucional sigue existiendo una persona.

Una persona que puede tener problemas familiares. Que puede estar endeudada. Que puede acumular horas sin descansar suficientemente. Que puede haber atravesado una situación traumática durante un servicio. O que simplemente puede llegar a un momento en el que siente que ya no puede sostener sola lo que le pasa.

Por eso, reducir el problema exclusivamente a las condiciones laborales sería simplificarlo. La salud mental y las conductas suicidas responden a múltiples factores y requieren abordajes profesionales.

Lo que el testimonio de Liñán permite observar es otra cuestión: qué dificultades aparecen dentro de una fuerza cuando quien está acostumbrado a asistir a los demás necesita ser asistido.

El miedo a decir “necesito ayuda”

Uno de los puntos más sensibles de su relato aparece cuando habla del temor que puede existir entre policías a consultar con profesionales de salud mental.

Según explicó, algunos efectivos temen que iniciar un tratamiento psicológico o una eventual derivación psiquiátrica pueda terminar afectando su situación laboral o la posibilidad de portar el arma reglamentaria.

Es precisamente allí donde aparece uno de los desafíos de la prevención: conseguir que pedir ayuda no sea vivido como una debilidad ni como algo que necesariamente deba ocultarse.

Liñán plantea que la intervención profesional no debería aparecer solamente cuando una persona llega a una situación extrema.

“No hay que tratar al policía cuando ya está a punto de estallar”, sostuvo.

Y propone algo aparentemente sencillo: presencia profesional, diálogo y seguimiento.

“Tiene que venir la charla continua, constante. Ayudar.”

Prevenir antes de llegar a una situación límite

La preocupación que describe Liñán tiene correlato institucional.

La Provincia de Buenos Aires cuenta con un Programa de Prevención del Suicidio para el Personal de las Policías, dependiente del área de Bienestar Integral del Personal Policial, destinado específicamente al acompañamiento y abordaje de estas situaciones.

A nivel nacional también se avanzó durante 2026 en capacitaciones destinadas a integrantes de fuerzas federales y policías provinciales para reconocer tempranamente indicadores de riesgo y cambios de conducta entre compañeros y subordinados.

Son herramientas que apuntan precisamente a una palabra central: prevención.

No esperar una crisis para comenzar a preguntar qué está pasando.

“Yo soy la voz de mis compañeros”

En el tramo final de la entrevista, Liñán abandona por un momento cualquier explicación institucional.

“Yo no soy súper policía ni sindicalista. Yo soy la voz de los policías, de mis compañeros, que no pueden hacerlo”, dice.

Tal vez allí esté la parte más humana de su testimonio.

Porque detrás de cada uniforme existe una historia que no necesariamente conocemos. El policía que llega ante un accidente, interviene frente a una situación de violencia o responde durante una madrugada también vuelve después a una casa, tiene una familia, problemas económicos, temores y conflictos personales.

El uniforme puede representar autoridad.

Pero no elimina la vulnerabilidad humana de quien lo lleva.

Y por eso Liñán termina su testimonio sin estadísticas ni explicaciones técnicas. Lo hace con un mensaje dirigido directamente a sus antiguos compañeros:

“No te quedes solo. Pedí ayuda. Siempre tenés que pedir ayuda. Por más que te dé vergüenza, sacate el miedo, lo que sea: pedí ayuda.”

Septiembre termina.

La prevención no.

Dónde pedir ayuda

El Programa de Prevención del Suicidio para el Personal de las Policías de la Provincia de Buenos Aires informa como vía de contacto el 0221-3170710, de lunes a viernes de 8 a 18.

Ante una situación de emergencia o riesgo inmediato se debe recurrir al 107 o al servicio de emergencias correspondiente a cada localidad.

Compartir

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *