El Enduro terminó y quedó el debate: turismo y trabajo frente al cuidado de las playas de Pinamar

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El Enduro del Invierno reunió a más de 500 pilotos en Pinamar. El turismo y el trabajo frente al debate por el impacto sobre playas y médanos.

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Más de 500 pilotos participaron del Enduro del Invierno y miles de personas acompañaron el espectáculo. El evento llevó visitantes y actividad económica en plena temporada baja, pero también despertó cuestionamientos por su impacto sobre playas y médanos. Dos necesidades de Pinamar que volvieron a quedar frente a frente.

El ruido de las motos terminó y el Enduro del Invierno 2026 ya es parte de la historia de Pinamar. Después de 34 años, la competencia regresó a la ciudad donde había nacido y reunió este fin de semana a más de 500 pilotos nacionales e internacionales.

Para el Municipio y los sectores que acompañaron la realización del evento, el balance tiene un argumento fuerte: generar turismo y actividad económica fuera del verano.

Pinamar necesita visitantes durante todo el año. Los hoteles, restaurantes, comercios y prestadores turísticos no pueden depender exclusivamente de unas pocas semanas de temporada alta. Un espectáculo capaz de convocar competidores, equipos y público en pleno invierno representa consumo, ocupación, movimiento comercial y trabajo.

Esa fue una de las principales razones esgrimidas para respaldar el Enduro.

Pero del otro lado apareció una preocupación igualmente concreta: para generar turismo se utilizó uno de los recursos naturales que justamente sostienen el turismo de Pinamar: su playa y su sistema de médanos.

La competencia se desarrolló sobre un circuito costero de aproximadamente 3.200 metros, montado en el sector comprendido entre El Pájaro y Rada Beach. La preparación del terreno, el paso de motos y cuatriciclos, las estructuras necesarias y la concentración de público generaron cuestionamientos desde antes de la largada.

Organizaciones ambientalistas, vecinos y sectores políticos advirtieron sobre las consecuencias que un evento de estas características podía tener sobre un ambiente costero sensible. Una petición contra su realización reunió más de 2.000 adhesiones y el tema llegó también al Concejo Deliberante.

La controversia tuvo incluso un dato que Radio Noticias había dado a conocer antes de la competencia: el Ministerio de Ambiente bonaerense informó que no tenía registrada una Evaluación de Impacto Ambiental del Enduro, mientras durante el debate local se había hecho referencia a documentación ambiental que permitiría su realización.

Frente a los cuestionamientos, el Municipio presentó un Plan de Gestión Ambiental y asumió el compromiso de realizar tareas de recuperación del espacio una vez terminada la competencia.

Ahora llegó el momento de comprobarlo.

Dos argumentos que Pinamar necesita escuchar

Reducir la discusión a quienes están “a favor” o “en contra” del Enduro probablemente impida observar el verdadero problema.

Quienes defendieron el evento tienen un punto: Pinamar necesita romper la estacionalidad. Necesita generar trabajo, ocupación hotelera, gastronomía y consumo durante los meses en los que la actividad disminuye. El turismo deportivo puede ser una herramienta importante para conseguirlo.

Pero quienes cuestionaron su impacto ambiental también tienen un punto: el crecimiento turístico no puede producirse a costa del deterioro del recurso natural que sostiene al propio destino.

Incluso dentro del sector turístico aparecieron esas diferencias. Mientras el Consejo de Turismo respaldó la competencia por su potencial económico, la Cámara de Empresarios Turísticos manifestó preocupación por su localización y por el posible impacto ambiental.

Eso demuestra que la discusión es bastante más compleja que una pelea entre empresarios y ambientalistas.

Turismo, empleo y ambiente no deberían ser intereses incompatibles. El desafío es determinar bajo qué condiciones pueden convivir.

Y ahora hay una oportunidad concreta para medirlo.

El Enduro ya pasó. Por lo tanto, además de los resultados deportivos, deberían conocerse cuántos visitantes llegaron, qué ocupación hotelera produjo, cuánto movimiento generó en comercios y gastronomía y cuál fue su impacto económico real.

Del mismo modo, debería poder determinarse cómo quedó la playa, qué intervención sufrieron los médanos, qué tareas de remediación son necesarias y si el sector puede recuperar las condiciones que tenía antes de la competencia.

Son las dos caras del mismo balance.

Pinamar no debería tener que elegir entre trabajo o ambiente, turismo o conservación. El desafío para el Estado y el sector privado es conseguir que los grandes eventos generen actividad económica sin comprometer aquello que la ciudad necesita preservar.

El Enduro del Invierno dejó ganadores sobre la pista. El otro resultado comenzará a conocerse ahora, cuando se pueda medir cuánto ganó la ciudad con el espectáculo y qué costo tuvo para el lugar donde se realizó.

Porque después del ruido, las motos y el público, queda la playa.

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