¿Quién cuida a quienes nos cuidan? La otra cara de la inseguridad

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La inseguridad preocupa a los vecinos, pero abre otro debate: salarios, desgaste y salud mental de los trabajadores de la Policía Bonaerense.

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Los vecinos reclaman más seguridad, prevención y presencia policial. Pero detrás del uniforme también hay trabajadores que enfrentan bajos salarios, presión, riesgo y problemas de salud mental.

Cuando ocurre un robo, un hecho violento o una situación de inseguridad, una de las primeras preguntas suele ser la misma: ¿dónde estaba la Policía?

Es una reacción comprensible. La sociedad necesita respuestas y tiene derecho a exigir que las instituciones encargadas de brindar seguridad funcionen.

Pero quizás haya otra pregunta que hacemos con mucha menos frecuencia: ¿en qué condiciones trabajan los policías a quienes les pedimos que nos cuiden?

Un informe publicado por Mundo Gremial puso la mirada sobre una realidad poco visible de la Policía Bonaerense: bajas dentro de la fuerza, dificultades salariales, problemas para retener nuevos efectivos y una creciente preocupación por la salud mental de sus integrantes.

El artículo también menciona casos de suicidio dentro de la fuerza. Se trata de un punto especialmente delicado: algunas cifras difundidas provienen de fuentes consultadas por el medio y no de estadísticas oficiales que permitan dimensionar con precisión el fenómeno.

Pero aun dejando los números en discusión, el problema merece ser observado.

Detrás del uniforme hay una persona

Un policía puede ser la autoridad que nos detiene en un control, quien llega cuando llamamos al 911 o aquel al que responsabilizamos cuando sentimos que la respuesta no llegó a tiempo.

Pero cuando termina su turno también es un trabajador, un vecino, una madre, un padre, un hijo o una hija que vuelve a su casa.

Puede tener dificultades para llegar a fin de mes, atravesar problemas familiares, sufrir agotamiento o cargar con situaciones traumáticas después de intervenir en accidentes, hechos violentos, abusos, suicidios o delitos graves.

Y al día siguiente debe volver a colocarse el uniforme.

Esto no significa dejar de exigir profesionalismo, controles ni responsabilidades cuando un integrante de la fuerza actúa incorrectamente. Una Policía democrática necesita controles y debe responder frente a los abusos.

Pero cuestionar las malas prácticas no debería impedirnos mirar las condiciones laborales de miles de efectivos que cumplen diariamente con su tarea.

La Costa tiene además sus propias exigencias

En el Partido de La Costa, la discusión adquiere características particulares.

La extensión territorial, las distancias entre localidades y, especialmente, el enorme crecimiento de la población durante la temporada turística modifican periódicamente las necesidades de seguridad.

Pedimos más patrulleros, más efectivos, mayor prevención y respuestas más rápidas. Son reclamos legítimos.

Pero quizás la discusión no debería terminar en cuántos policías vemos en una esquina.

También habría que preguntarnos cuánto cobran, cuántas horas trabajan, con qué equipamiento cuentan, cómo descansan, qué capacitación reciben y qué asistencia psicológica encuentran cuando la necesitan.

Porque difícilmente pueda construirse una mejor seguridad pública sobre trabajadores agotados, desmotivados o atravesados por problemas que nadie escucha.

Seguridad para los vecinos, pero también para quienes los cuidan

Durante mucho tiempo, una parte de la relación entre la sociedad y la Policía estuvo atravesada por la desconfianza. Existen razones históricas para explicar esa distancia y sería equivocado ignorarlas.

Pero detrás de una institución cuestionada también existen personas concretas que trabajan dentro de ella.

Tal vez sea posible sostener las dos cosas al mismo tiempo: exigir una Policía mejor y reclamar mejores condiciones para los buenos policías.

Porque la seguridad no debería ser solamente discutir qué hacemos con quien comete un delito.

También debería significar preguntarnos cómo cuidamos a quienes enviamos todos los días a enfrentarlo.

Y ahí queremos conocer tu opinión:

¿Creés que mejorar las condiciones laborales, salariales y de salud mental de los policías podría ayudar a mejorar también la seguridad de los vecinos?

Te leemos en los comentarios.

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