El Presidente aseguró que tiene su futuro personal “asegurado” y sostuvo que, si su espacio no gana las próximas elecciones, será porque la sociedad decidió “suicidarse”. La expresión fue política, pero llega justamente durante el mes dedicado mundialmente a la prevención del suicidio. ¿Importan las palabras cuando quien las pronuncia ocupa la Presidencia?
Javier Milei volvió a dejar una frase destinada a generar repercusiones.
Durante el cierre del encuentro “Vientos de Cambio”, organizado por la Fundación Libertad y Progreso en Buenos Aires, el Presidente habló sobre su futuro, las elecciones de 2027 y las consecuencias que, según su mirada, tendría para la Argentina abandonar el rumbo de su gobierno.
Primero hizo una afirmación sobre su situación personal.
“Yo ya tengo mi futuro asegurado”, sostuvo Milei, para luego explicar que cuando deje la función pública podrá vivir de brindar conferencias. El discurso completo fue publicado por la propia Presidencia.
Después llegó la expresión que abrió otra discusión.
Al plantear la elección entre la continuidad de las ideas de su gobierno y lo que definió como el regreso a un modelo decadente, Milei sostuvo que una derrota electoral significaría que “como sociedad estamos decidiendo suicidarnos”.
No estaba hablando de salud mental.
Estaba utilizando el suicidio como una metáfora política para describir lo que, según su pensamiento, significaría que los argentinos rechazaran su proyecto en las urnas.
Pero el calendario genera una coincidencia que invita a mirar la frase desde otro lugar.
Septiembre Amarillo
Septiembre es reconocido internacionalmente como un período dedicado a generar conciencia sobre la prevención del suicidio. El 10 de septiembre se conmemora el Día Mundial para la Prevención del Suicidio.
Por eso la palabra adquiere durante estas semanas una sensibilidad particular.
No porque un Presidente tenga prohibido utilizar metáforas ni porque corresponda interpretar literalmente una expresión evidentemente política.
La pregunta es otra: ¿qué responsabilidad tienen quienes ocupan lugares de máxima exposición pública sobre las palabras que eligen?
El suicidio no es una abstracción para miles de familias.
Detrás del término existen personas atravesando sufrimiento, familias que buscan respuestas, profesionales trabajando en prevención y comunidades intentando aprender algo fundamental: hablar del tema sin estigmatizar, banalizar ni convertirlo en una expresión cotidiana desprovista de su verdadero significado.
“Mi futuro está asegurado”
Además, las dos afirmaciones pronunciadas por Milei adquieren una fuerza particular cuando se leen juntas.
Por un lado, el Presidente sostiene que su futuro personal está resuelto independientemente de lo que ocurra electoralmente.
Por otro, coloca sobre la sociedad una responsabilidad extrema frente a la posibilidad de elegir otro camino político.
Su razonamiento puede entenderse: Milei considera que las reformas que impulsa son necesarias para evitar que Argentina regrese a políticas que, según su diagnóstico, llevaron al país a décadas de decadencia. De hecho, en ese mismo discurso reconoció que si su Gobierno no consigue mostrar resultados será difícil que la sociedad lo acompañe.
Ese último punto introduce un matiz importante.
Porque en democracia los ciudadanos no tienen la obligación de garantizar el futuro electoral de ningún gobierno.
Evalúan.
Comparan.
Votan.
Y eventualmente cambian de opinión.
Una sociedad que decide no reelegir a un Presidente no necesariamente se destruye, del mismo modo que una sociedad que decide reelegirlo tampoco garantiza automáticamente su prosperidad.
Eso lo determina el tiempo, los resultados y, finalmente, los ciudadanos.
Cuando las palabras vienen desde arriba
Milei construyó buena parte de su identidad política alrededor de un lenguaje disruptivo.
Sus seguidores consideran que esa forma de expresarse rompe con décadas de lenguaje político artificial. Sus críticos entienden que desde la Presidencia debería existir mayor moderación.
Esa discusión probablemente continúe durante todo su mandato.
Pero Septiembre Amarillo ofrece una oportunidad para separar la pelea partidaria de algo bastante más profundo.
Podemos estar a favor o en contra del Gobierno.
Podemos considerar que el rumbo económico es correcto o equivocado.
Podemos votar a Milei, a otro candidato o a ninguno de los espacios actualmente conocidos.
Pero quizás podamos coincidir en algo: el suicidio es demasiado serio como para transformarlo en una manera habitual de describir una derrota electoral, una mala decisión o un fracaso colectivo.
No se trata de censurar una palabra.
Se trata de comprender su dimensión.
Una oportunidad para hablar de lo verdaderamente importante
Paradójicamente, la frase presidencial puede servir para algo positivo.
Puede ayudarnos a hablar del suicidio fuera de la metáfora.
Hablar de prevención. De escuchar. De pedir ayuda. De prestar atención cuando alguien manifiesta desesperanza o expresa que no encuentra una salida.
Y también de abandonar la idea de que hablar sobre salud mental es una señal de debilidad.
Septiembre Amarillo existe precisamente para eso.
Por eso, más allá de la disputa política que quiso plantear Javier Milei pensando en 2027, quizás este sea un buen momento para cambiar por un instante el sentido de sus palabras.
Una sociedad no se suicida porque elige a un candidato u otro.
Una sociedad responsable es también aquella que consigue hablar seriamente del suicidio, acompañar a quien está sufriendo y construir herramientas para que una persona pueda encontrar ayuda antes de creer que ya no existe ninguna salida.
Y en septiembre, particularmente, las palabras también pueden servir para eso.
