El joven, oriundo de Mar del Tuyú, recibió una descarga eléctrica mientras pintaba el exterior de un edificio. Su muerte se suma a otros accidentes laborales graves ocurridos este año en la región y reabre el debate sobre la seguridad, el trabajo en negro y la responsabilidad de los empleadores, los organismos de control y la UOCRA.
Tenía apenas 22 años. Sus amigos lo conocían como “Eze” y era oriundo de Mar del Tuyú. Este martes, cerca del mediodía, salió a trabajar y ya no volvió. Una descarga eléctrica terminó con su vida mientras realizaba tareas de pintura en altura en el hotel Los Pinos IV, ubicado en Chiozza y Garay, en pleno centro de San Bernardo.
Según la información difundida por medios locales, el joven se encontraba trabajando en una silleta sobre el exterior del edificio cuando su cabeza habría entrado en contacto con una terminal de media tensión.
Bomberos y personal de emergencias intervinieron para asistirlo. Se realizaron maniobras de reanimación y fue trasladado hacia el hospital de Mar de Ajó, pero los esfuerzos no alcanzaron. Falleció durante el traslado.
La noticia provocó una profunda conmoción entre sus familiares, amigos y conocidos. Detrás del accidente hay una vida que se terminó demasiado pronto y una familia atravesada por una pérdida irreparable.
Pero también hay preguntas que no pueden quedar sin respuesta.
¿En qué condiciones estaba trabajando? ¿Se habían tomado las medidas de seguridad necesarias? ¿Quién supervisaba la tarea y qué precauciones existían frente al tendido eléctrico?
Son cuestiones que deberán esclarecerse en la investigación.
Una nueva muerte que obliga a mirar lo que está pasando
La tragedia de San Bernardo no llega en medio de un año tranquilo para los trabajadores de la construcción y el mantenimiento edilicio en la región.
Durante 2026 se registraron otros accidentes laborales graves. Uno de ellos ocurrió en el emprendimiento Northbeach, sobre la Ruta 11, donde un trabajador de 43 años perdió la vida tras caer desde una altura considerable.
También se conoció el caso de un operario que cayó desde un sexto piso en una obra de San Bernardo.
Son episodios diferentes, con circunstancias que deben investigarse por separado, pero que dejan una preocupación común: la exposición de trabajadores a riesgos que pueden terminar en lesiones irreversibles o en la muerte.
Radio Noticias Web ya había abordado esta problemática días atrás, al informar sobre los accidentes y las denuncias relacionadas con las condiciones de seguridad en obras de La Costa y Pinamar.
La muerte de este joven vuelve a poner el tema en primer plano.
Trabajo en negro, controles y el papel de la UOCRA
Hay una realidad que también merece ser discutida: el trabajo no registrado en la construcción y en las tareas de mantenimiento.
Es importante aclarar que no existe información confirmada que indique que el joven fallecido en San Bernardo estuviera trabajando en negro. Tampoco se conoce públicamente cuál era su situación contractual o si contaba con cobertura de una ART.
Sin embargo, el empleo informal es un problema que no puede separarse del debate sobre las condiciones laborales.
Trabajar sin registración puede dejar a una persona en una situación de mayor vulnerabilidad, especialmente cuando se realizan tareas peligrosas, como pintar fachadas, reparar techos o intervenir instalaciones a varios metros de altura.
Y hay algo todavía más preocupante: muchas veces los riesgos se naturalizan. Se trabaja como se puede, con lo que hay y bajo la presión de terminar rápido. La seguridad termina siendo vista como un gasto o una molestia, cuando debería ser una condición indispensable.
En este escenario también aparecen los cuestionamientos al papel de la UOCRA.
En Pinamar, Carina Zabala, madre de Fausto Maldonado, el joven que murió en 2023 al caer de una obra, denunció públicamente presuntas irregularidades en los controles y sostuvo que habría avisos anticipados sobre inspecciones que permitirían ocultar trabajadores no registrados.
Son denuncias que deben investigarse y sobre las cuales corresponde escuchar la respuesta del sindicato. No existe evidencia pública que permita vincular esas acusaciones con el accidente ocurrido este martes.
La UOCRA no reemplaza a los organismos estatales de fiscalización ni a los empleadores, que tienen obligaciones legales concretas en materia de seguridad. Pero su responsabilidad como representante de los trabajadores también exige una presencia activa en la prevención, la capacitación y la denuncia de irregularidades.
La pregunta es inevitable: ¿se está haciendo todo lo necesario para evitar nuevas tragedias?
No alcanza con lamentar otra muerte
El trabajo en altura y la cercanía de instalaciones eléctricas requieren medidas estrictas de prevención. No basta con la experiencia del operario ni con confiar en que nunca pasó nada.
Es necesario evaluar los riesgos antes de comenzar, contar con equipos adecuados, supervisar las tareas y garantizar condiciones seguras.
La responsabilidad de proteger la vida de un trabajador no puede recaer exclusivamente sobre sus hombros.
Los empleadores deben cumplir las normas de seguridad. Los organismos competentes deben fiscalizar. Las aseguradoras tienen funciones preventivas y los sindicatos deben defender activamente los derechos y las condiciones de trabajo.
Y si existen situaciones de informalidad, falta de protección o incumplimientos, deben ser detectadas antes de que ocurra un accidente, no después.
Este martes murió un joven de 22 años. Era de Mar del Tuyú y sus amigos lo llamaban Eze. Tenía una vida por delante, proyectos y personas que hoy intentan encontrar una explicación a lo sucedido.
Su muerte merece una investigación seria, respuestas concretas y el respeto que corresponde a una familia que atraviesa el dolor.
Pero también debería servir para algo más: que en el Partido de La Costa se deje de hablar de seguridad laboral solamente cuando hay una víctima.
Porque salir a trabajar nunca debería significar no volver a casa.
